El escudo de la corporación que algunas hermandades, por lo general las más antiguas, que mantienen todavía en la parte superior izquierda de la túnica, justo encima del corazón, y el cual hoy en día y debido a la evolución del antifaz -de la cual hablaremos extensamente otro día- no se aprecia cuando el nazareno tiene el antifaz puesto, no es más que una reminiscencia del pasado, pero un histórico y valioso dato en la historia de las túnicas.
El pragmatismo actual se preguntaría ¿Porque que poner algo tan significativo en un sitio dónde no se ve? Parece incluso contradecir los estrictos principios estéticos de las cofradías. Pero no, la historia y gracias a la fuerza de la costumbre y la tradición, hacen permanecer estos escudos sobre el corazón de algunos nazarenos de Sevilla. Estilo que felizmente ha incorporado para su túnica, de cánones puramente decimonónicos, la Hermandad del Sol.
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Nazarenos de la Hermandad del Sol con el escudo rojo en el pecho. |
Estos escudos tambien fueron susceptibles de modas y cambios, como podemos deducir por la Regla de 1597 de la Hermandad de Jesús Nazareno que prohibía llevar “escudo de lata, ni de oro ni esmaltado”. O los de cordobán utilizados en otras regiones.
Escudos de las principales Ordenes Militares. Abajo a la izq. de la Real Maestranza de Caballería |
Indagando para poder sostener una tesis sólida sobre la primitiva incorporación del escudo a la túnica, podemos encontrar la raíz en las Ordenes Militares de Caballería, las cuales incorporaron a sus hábitos el escudo de la orden a la que pertenecían, siendo más que significativo la similitud de estos escudos a los de las Hermandades que aun los conservan.
Es más, es doblemente curioso que Ordenes como la Real Maestranza de Caballería tuviera una organización interna semejante a las de las Cofradías, con Hermano Mayor, Consiliarios y celebraran cultos en honor de sus Santos Patrones, además de sus actos propios más dados a la ejercitación física y la preparación para la guerra.
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D. Fco. de Quevedo con el escudo de la Orden de Santiago |
O.L.O.